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Depende de nosotros
Lo que tengo que decir es realmente bastante sencillo porque tiene que ver con cada persona individualmente. Hace poco, dando un paseo me encontré en medio de unos edificios muy altos. Esto me hizo pensar que lo que estaba viendo era un edificio enorme, pero ¿qué era en realidad? Veo la fachada, las ventanas, los adornos, pero ¿qué es el edificio?
A veces olvido que un edificio se sostiene sobre unos cimientos que no puedo ver porque están enterrados. Sólo me acuerdo de ellos cuando ocurre algo como un terremoto; entonces espero que resistan. También me olvido de que, por muy alto que sea ese edificio, está hecho de bloques, de componentes mucho menores que él, y, a fin de cuentas, su integridad depende de la de todos esos componentes mucho más pequeños.
Cuando se trata de la paz, ocurre lo mismo. Nos fijamos en el mundo y vemos naciones enormes, países, ciudades, pero olvidamos que todos esos países en realidad están hechos de unos pequeños componentes llamados seres humanos. Nosotros somos los componentes, y la integridad de cada país depende de la de sus componentes individuales.
Hablamos de países; de lo que no hablamos es de las personas. Si una persona no tiene paz en su vida, nunca tendrá éxito en lo que emprenda.
La paz comienza cuando comprendemos lo que se nos ha dado. El mundo entero nos está diciendo lo que no tenemos. Pero nadie nos señala lo que sí tenemos. Lo que se nos ha dado es esta vida, esta existencia. Y esta existencia tiene que significar algo para nosotros. Cuando no significa nada, la vida humana —la única cosa irremplazable— pierde su valor. Entonces cualquier causa puede tener más sentido para la guerra que para la paz.
Estás vivo y eso debe significar lo máximo para ti. Tienes que comprender el valor de tu existencia por ti mismo. ¿Quieres paz en tu vida o quieres el caos? En la vida de cada persona existe el potencial para ambas cosas.
¿Qué es lo que estamos buscando? Todo el mundo tiene su propia definición de qué le dará la felicidad. Eso es lo que estamos buscando: felicidad, satisfacción. Así que miramos, buscamos y hacemos lo que sea necesario. Y en toda nuestra búsqueda, en todo lo que hacemos, ¿de quién nos olvidamos? De nosotros.
¿Qué es lo que quieres en tu vida? Sea cual sea la fórmula que hayas creado para la felicidad, por favor inclúyete en ella, porque de otro modo no servirá para nada. Sin ti, sin tu corazón, sin tu comprensión, si no hay paz en tu vida, nunca podrá haberla en el mundo. Es ahí donde empiezan las guerras y también donde reside la paz: dentro de ti.
La paz empieza en ti. La paz es posible contigo. Esta vida es tuya, el regalo que se te ha dado. Compréndelo, reconoce la belleza que está bailando ante tus propios ojos. No esperes, éste es tu momento. Atrapa esa petición de paz en tu corazón; encuentra esa satisfacción en tu vida. Eso es lo que significa la paz. La paz es hermosa, es real. La paz es esa pasión por la existencia, un sentimiento, una comprensión de lo que significa la vida, de lo que significa cada día, cada hora, cada respiración. Entonces puedo comenzar a saborear el verdadero significado de la paz.
Comprender el valor que tiene el hecho de que cada persona encuentre esa satisfacción, una a una, es la única posibilidad de paz mundial que no se ha intentado nunca. Hacer sólido cada ladrillo, cada bloque y decir: "Sí, con toda seguridad, este edificio podrá mantenerse erguido, porque cada bloque es sólido, tiene integridad. Cuando haya un terremoto no se derrumbará". Ésa es la solidez que se necesita.
Las personas de este mundo son los ladrillos, el cemento y las vigas de acero de esta estructura. Depende de nosotros tratar al menos de hacer algo decisivo. En lugar de ofrecer razonamientos sobre cómo no se puede hacer, intentar ver la posibilidad de cómo se podría hacer. Y entonces quizá, al menos así lo indica la esperanza, habrá paz sobre la Tierra.
Maharaji
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