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Elegir
Sea lo que sea lo que quieres en tu vida,
tienes que pedirlo. Si no lo pides, no lo
conseguirás. Tienes que poder decir: “Esto es lo
que quiero en mi vida”.
La felicidad. Podemos suponer que todos
queremos felicidad, aunque quizá no es así. Pero
si la queremos, ahí está. Si lo que queremos es
tristeza, también está ahí. Si queremos
sufrimiento, está ahí. Si queremos alegría,
también está ahí. Cada día tienes esa elección.
Y debes elegir, aunque algunos preferirían que
fuese algo totalmente automático.
Decidir que la felicidad es lo que quieres en
tu vida es básicamente una elección que debes
hacer cada día, a cada momento. Para algunos,
eso es de una belleza exquisita: “Esto es lo que
elijo”. Y para otros, no. Pero no puede hacerse
sólo una vez: “En una ocasión olí una rosa; ya
es suficiente”. Cada flor es de una manera muy
especial.
Fíjate en los árboles. Hubo un tiempo en que
los tatara-buelos de los árboles que ves estaban
todos bajo el mar. Luego, dieron un paso para
salir a tierra. Y cuando lo hicieron tuvieron
problemas, porque no podían perpetuar su
especie. En el agua, simplemente podían soltar
sus semillas, éstas quedaban flotando por ahí y
todo iba de maravilla. Pero en tierra no
funcionaba así. Tuvieron que asociarse. Tuvieron
que inventar estrategias que funcionaran.
Algunos de ellos se las ingeniaron para utilizar
el polen, una sustancia que es como polvo y se
parece a lo que usaban en el mar. Otros quisieron
ser más selectivos y se asociaron con las abejas.
Otros no podían valerse de las abejas, así que se
asociaron con pájaros. Y no sólo eso, sino que lo
hicieron con tipos concretos de pájaros. Hay una
flor a la que sólo le sirve un colibrí que tiene un
pico muy largo y puede llegar hasta el néctar.
Y también están los eucaliptos. A ellos se les
ocurrió la estrategia del fuego: “Si logramos
resistir los incendios, todo lo demás se quemará
y nosotros sobreviviremos”. Así que se fueron
haciendo con una corteza muy suelta, que es lo
que se quema, como un traje para el fuego. El
resultado es que otras especies de árboles han
desaparecido y el eucalipto sigue ahí. Pero
tienen que hacer su elección todo el tiempo.
Cada árbol está en una situación arriesgada
cuando se planta su semilla. ¿Tendrá los
ingredientes necesarios o no? Y cuando llega el
momento, no puede dejarlo para más tarde. No
puede tener discusiones filosóficas. Si el árbol
de al lado se cae, él tiene que estar listo para
lanzarse. No se hacen preguntas. No hay ningún
egoísmo, ni ninguna religión. Es un impulso
básico que se le ha dado, que ha sido
programado, y funciona bastante bien.
En nuestras vidas, nos quedamos en todas esas
ideas, en toda esa logística: “¿Es esto
correcto? ¿Es incorrecto? Dame una prueba;
muéstrame una señal”. Empezamos a dar un
significado a cosas que no lo tienen: “Esto es
así. Esa persona me ha mirado de esa manera.
Esto significa tal cosa, aquello significa tal
otra”.
Puede ser realmente sencillo: pide. Sin
suposiciones, sin filosofías. Si quieres ayuda,
pídela. Pedid y se os dará, llamad y se os
abrirá. Pero tienes que llamar. Tienes que tocar
el timbre.
Maharaji
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