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Una alegría
ilimitada
(idioma original: hindi)
Las cosas tras las que corremos quedarán atrás
algún día. Así es la naturaleza del ser humano.
Cuando los chicos jóvenes ven un bonito
automóvil en el que va una hermosa muchacha, se
dan la vuelta y la miran. Sus cuellos empiezan a
torcerse. Eso no le ocurre a una persona mayor.
En la vida de un ser humano llega un momento en
el que ya no ve bien, o siente dolor cuando gira
el cuello. Nadie se libra de eso; le ocurrirá a
todo el mundo. Las cosas tras las que corres te
abandonarán algún día. Las pierdas tú o no,
ellas te perderán a ti.
Las cosas que son valiosas para nosotros las
guardamos cuidadosamente. ¿Cuál es la cosa que
tenemos que guardar con cuidado? Nuestra
alegría, nuestra felicidad, nuestro corazón. Si
no velamos por nuestra alegría, ¿quién lo hará?
Todo el mundo se preocupa por su propia
felicidad. No es posible preocuparse por la
felicidad de otro.
Si alguien no está cómodo, puedo darle un
almohadón. Si tiene hambre, puedo ofrecerle
comida. Si está cansado, puedo darle una cama.
Si tiene sed, le puedo dar un vaso de agua. Pero
si se siente infeliz en su interior, ¿qué clase
de almohadón le puedo dar? ¿Qué clase de agua le
puedo ofrecer? ¿Qué puedo hacer por él? Nada.
Cuando escuche la llamada de su corazón y dé los
pasos necesarios para tener alegría en su vida,
entonces será posible para él sentir esa alegría.
La auténtica alegría está dentro de nosotros.
Así es como somos. No sentir esa alegría en
nuestra vida es como comer una comida insípida.
Puedes tenerlo todo y seguir echando de menos
esa cosa que debería estar ahí. Si un ser humano
no se reconoce a sí mismo, ¿cómo podrá reconocer
a nadie más?
Cuando yo era pequeño, teníamos un perro
llamado Tommy. Tenía tan mal genio que mordía a
todo el mundo excepto a mi padre, Shri Maharaji.
Cuando Shri Maharaji se sentaba fuera, si
alguien se le acercaba, Tommy empezaba a ladrar.
Todo el mundo hacía rabiar a aquel perro. Si le
ponías un espejo delante empezaba a ladrarle, y
podía pasarse así todo el día. ¿Por qué? Porque
no podía reconocer su propia cara. Si no se
reconocía a sí mismo, ¿cómo podría reconocer a
los demás?
Nosotros hacemos lo mismo. No reconocemos nuestra
propia cara. Miramos a todos y decimos: “¿Quién es
ése?”. “Es negro”. “Es de la India”. “Es chino”. Pero
esa persona es exactamente igual que yo. Siente
dolor y alegría, lo mismo que yo. Siente hambre y
sed; yo también las siento. Ella duerme y yo duermo.
Cuando llueve se moja, igual que yo. El mundo nos ha
enseñado lo diferentes que somos. Si no has visto tu
verdadero ser, verás las diferencias. Sin embargo,
todos somos uno.
¿Cuánta alegría puedes sentir? Depende de ti.
Depende de tu esfuerzo. Si tienes sed y bebes
sólo una cucharada de agua, tu sed se saciará en
esa medida.
Colma esta vida. Recibe la alegría. Todas las
demás alegrías tienen limitaciones, pero la alegría
interior no tiene límites. Estamos aquí por esa
alegría, no por ninguna otra cosa; sólo por esa
alegría. La alegría exterior vendrá y se irá, pero
la alegría del corazón es estable. Se encuentra
dentro de ti; está sucediendo, y seguirá contigo
hasta tu último aliento.
Maharaji
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